viernes, 16 de febrero de 2018

“Vidas cipotudas”, de Jorge Bustos


Columnista de prestigio, Jorge Bustos (Madrid, 1982) combina en sus escritos una sobresaliente calidad literaria con las constantes referencias a la actualidad de nuestro país. En su nuevo libro se aprovecha de un adjetivo puesto de moda en el reciente periodismo para definir a un tipo de columnistas y le da la vuelta para aplicárselo a una serie de personajes históricos que, para el autor, son buenos ejemplos de una actitud española que se repite a lo largo de los siglos: arrojo activo y sus dosis de senequismo.
            Buceando en la historia de España y llegando hasta el presente (el primer capítulo está dedicado a Viriato y el último a Amancio Ortega, una licencia que se permite el autor), Bustos habla de treinta y cinco hombres y mujeres españoles que han hecho historia, y cuyas vidas el autor quiere rescatar. Hay guerreros, conquistadores, eruditos, científicos, artistas, místicos, herejes, exploradores, poetas, profesores…
Bustos apuesta por la divulgación histórica, sazonada de impresiones muy personales y, como dice el autor, “su punto de rabia y una medida de orgullo”. Todo con la finalidad de que el lector, después de leer una síntesis de las vidas de Isidoro de Sevilla, Elcano, Juana la Loca, Santa Teresa, Lope de Aguirre y tantos otros, disfrute de “sus pasiones vitales, de su pánico vencido y de su temeridad suicida”.



Vidas cipotudas
Jorge Bustos
La Esfera. Madrid (2018)
256 págs. 18,90 €.

domingo, 14 de enero de 2018

"Descubre por qué te mato", de Carlos Villar Flor


Doctor en Filología Inglesa, profesor de literatura en la Universidad de La Rioja, investigador, traductor -entre otros, de Evelyn Waugh y George Orwell- y director de la revista literaria Fábula, Carlos Villar Flor (Santander, 1966) es autor de varios poemarios, libros de relatos y también de las novelas Calle Menor, Mientras ella sea Clara (2011) y Solo yo me salvo y otros relatos (2012). Con ironía, sentido del humor y una excelente calidad literaria, Villar suele ambientar sus novelas en contextos muy contemporáneos.
Algunos de estos rasgos se repiten en Descubre por qué te mato, concebida en esta ocasión como una novela policiaca. Con ella ha conseguido el Premio José María de Pereda del Gobierno de Cantabria. Escrita en primera persona, su narrador y protagonista es el periodista cántabro Óscar Aransay, quien una noche recibe una sorprendente y macabra amenaza por parte del que se presenta como un antiguo compañero universitario: “voy a matarte”. Pero no lo va a hacer de manera inmediata sino que le da un mes de plazo con la única posibilidad para salvarse de que descubra “por qué te mato". Luego desaparece.
El tiempo empieza a correr y Aransay, con la ayuda de Valery, una joven redactora de su periódico que se ha convertido en su amante, investiga cuáles pueden ser los motivos de esta amenaza de muerte. Por su trabajo, ha estado involucrado en asuntos muy espinosos, aunque él que se le viene más a la cabeza, por su gravedad, fue un caso de pederastia en el que estuvo envuelto un maestro que, acaba de enterarse, ha fallecido en prisión (asesinado o se ha suicidado) y cuya resolución judicial y su comportamiento como periodista no le dejaron muy satisfecho.
La novela describe cómo vive esas semanas Aransay, en las que nadie, salvo Valery, se haya tomado en serio la mortal amenaza. Agobiado, pide ayuda a la policía, que destina al caso al subinspector Mariana, aparentemente de vuelta de todo pero con buen olfato policial. Como ve que sus investigaciones avanzan poco, contrata también a un detective privado, Arencibia. Y a todo esto hay que sumar la situación familiar de Aransay, al borde de la ruptura por sus infidelidades y el distanciamiento que vive con su mujer tras el reciente nacimiento de su hija y los complicados horarios de trabajo de él y su mujer, Raquel, enfermera.
El argumento, muy original, atrapa bastante, pues los lectores comparten la creciente y progresiva agonía de Aransay, sus indagaciones sobre la posible causa de esta amenaza y sus remordimientos por el caso que condenó al maestro. También resulta atractiva la descripción del ambiente periodístico en el que se mueven los principales personajes, con sus ramificaciones policiales. El conflicto matrimonial que padece el protagonista, junto con otros ingredientes costumbristas relativos a la ciudad de Santander, añaden realismo a una novela que transcurre en 2013 y que refleja algunas luces y sombras de la sociedad contemporánea.  
Pero más que la intriga, que la tiene, el autor carga la mano en la psicología del protagonista. Después de cumplir cuarenta años, está sometido a una agobiante crisis familiar y profesional, agravada todavía más por su relación con Valery y la amenaza de muerte que se cierne sobre él. En su tramo final, la novela se desvía de manera deliberada de los desenlaces tópicos de las novelas policiacas y propone un final inteligente, aunque arriesgado. Novela, pues, muy entretenida que combina una sorprendente intriga con interesantes ingredientes éticos y sociológicos. 


Descubre por qué te mato
Carlos Villar Flor
Ediciones de Librería Estvdio. Santander (2017)
344 págs. 17 €.

viernes, 5 de enero de 2018

Una buena idea


-No hay manera. No se engancha. Se vuelve a caer.
Nino estuvo a punto de dar un manotazo y tirar todo directamente al suelo. Nada le salía bien. Hasta la plastilina se había quedado demasiado dura y aunque intentó calentarla con un mechero que consiguió en la habitación de sus padres, fue peor: casi se quema.
-¡La madre que lo parió…! –Exclamó tirando lo que parecía ser un San José encima del serrín.
Y luego estaba la estrella, la puñetera estrella. Consiguió en la cocina papel de plata, sus tijeras del colegio, un poco de pegamento… Pero era incapaz de que aquello se pareciese a una estrella. Al final, quedó un amasijo de plata que encima no consiguió que se quedase en lo alto de lo que también, con mucha imaginación, parecía una montaña.
-¿Qué estás haciendo, Nino? ¿Por qué no ayudas a poner la mesa?
Seguía en su habitación, encerrado. Había decidido que el belén sería este año su aportación a la decoración navideña de la casa. Además, del árbol y las luces y esas plantas rojas que su madre pone por todos lados, él quería que hubiese un belén, como en casa de Lola y de Julio. Todos los años les echaba una mano buscando algunas piedras en el parque, unas plantas, un poco de musgo.
-Este año me toca a mí. –Se dijo Nino con convicción.
Pero había sobrevalorado sus habilidades, y eso que tenía sobre sus espaldas la experiencia de sus trabajos manuales, siempre horribles, siempre chapuceros. Odiaba las clases de plástica.
            Dejó los preparativos del belén  para el último momento, para ocultar la sorpresa a sus padres y pensando que iba a ser muy fácil. Pero en el parque no encontró ni una mísera piedra grande, y eso que lo recorrió unas cuantas veces. Seguro que Lola o Jaime se habían llevado ya las buenas. Al final, metió en la mochila unos cuantos pedruscos.
-Los uniré con algo para que parezcan una montaña. Y en la montaña una cueva. El arroyo, para el año que viene.
            Ni montaña, ni cueva, ni estrella… Quería hacer las figuras con plastilina, la que le había sobrado de aquel árbol que tuvo que hacer para el colegio, que ni parecía árbol ni nada. No sabe ni cómo aprobó, pues le había quedado algo confuso, sin forma, con muchos colores mezclados. Consiguió modelar tres figuras, la Virgen, San José, el Niño. Pero el Niño, con color azul, parecía un extraterrestre; la Virgen, un demonio rojo; y San José, un espantapájaros verde. No conseguía que se quedaran de pie. Apoyó las figuras contra las piedras. Se suponía que la estrella era lo que estaba más arriba. Y luego el serrín. Como se le había caído más de la mitad, lo poco que le quedaba no conseguía cubrir ni la mitad de la mesa.
-¿Y dónde pongo el musgo?
            El musgo era lo único que le recordaba a los belenes de Lola y Jaime.
            -¿Qué haces encerrado? ¡Sal de ahí, que van a llegar los abuelos!
            Su madre ya estaba histérica. Su padre salía a las nueve del Hospital. Llegaría justo a la cena.
            Decidió poner las figuras encima del musgo. Encendió la luz del flexo. Con poca luz quedaba bien y las figuras tenían un algo especial. Pero el belén no se quedaría en su habitación. Había pensado ponerlo en el pasillo, antes de la entrada en el salón. Como el pasillo era ancho, cabía la mesa de sobra. Y quedaba sitio para pasar. No molestaría. Pero allí no podía poner el flexo.
            Decidió vestirse primero. Oía a su madre chillar, que saliese, que echase una mano. Es decir, lo de siempre, bla, bla, bla. Cuando se apagaron las voces, colocó todo en el pasillo. Primero, la mesa, con cuidado de que el serrín no cayese al suelo. Luego las piedras. Y el musgo. Y las tres figuras. Y recuperó el árbol, que tenía guardado en un cajón y que en el último momento se le ocurrió que hiciese las veces de palmera. Y la estrella. También puso una vela amarilla que había encontrado en uno de los cajones del salón.
            Siendo justos, su belén no se parecía en nada a los de sus amigos. Pero por algo había que empezar.
            Entró en el salón. Cerró la puerta. Su madre salía de la cocina en ese momento con las últimas copas. Encendió todas las luces. Puso algo de música de Luis Cobos, como hacía siempre.
            Sonó el timbre. Los abuelos. Nino se fue derecho a la puerta. Entraron como un torbellino, con muchos regalos en los brazos, dando besos y la abuela con ese perfume insoportable que echa para atrás. Ni siquiera se fijaron en el belén, al que sobrepasaron esquivándolo. En el salón, otra vez besos. “Emilio está a punto de llegar”.
            Eran casi las nueve. Su madre puso un vino al abuelo y una tónica a la abuela. A Nino le dijo que esperase a la cena.
            Y a las nueve y cuarto llegó su padre. Se oyó el ruido de la cerradura. Y de pronto, un estruendo. Su padre se dio un fuerte golpe en la cabeza con la puerta del salón al tropezarse con la mesa de estudio y el belén. No había encendido la luz y entró como una exhalación. Su madre cogió intentó levantarle del suelo con la ayuda del abuelo. Las piedras estaban por el suelo; el serrín, desperdigado por el traje de su padre. La mesa también estaba descabalada.

Nino se quedó atornillado en su sitio, sin poder moverse. El abuelo sacó un pañuelo y se lo puso a su padre en la frente, de la que salía algo de sangre, no mucha. La abuela fue a la cocina por una escoba para recoger el serrín y las piedras. Su madre cogió las figuras del belén y sin apenas mirarlas, con asco, las tiró a la papelera. “Ya hablaremos tú y yo, me dijo” mientras su padre, apoyado en el abuelo, entraba en el salón repitiendo “este niño es gilipollas, gilipollas”.

domingo, 24 de diciembre de 2017

Selección libros 2017



La fabulosa taberna de McSorley y otras historias de Nueva York
Joseph Mitchell
Jus. 464 págs. 24 €

            Considerado el precursor del Nuevo Periodismo, Mitchell (1908-1996) se hizo famoso en New Yorker por sus Perfiles dedicados a personajes excéntricos de Nueva York. Este volumen reúne veinte reportajes de gran calidad literaria entre los que predominan los personajes estrafalarios; en otros  descubre ciudadanos anónimos que destacan por su desbordante humanidad. Asombra la capacidad de empatía de Mitchell, su oído para reproducir las múltiples variedades del lenguaje callejero.


Oficio
Serguéi Dovlátov
Fulgencio Pimentel. 320 págs. 21,85 €.

            Dovlátov (1941-1990) es un escritor ruso que se exilió en Estados en 1978. Esta novela, basada en su biografía, está compuesta de dos partes: El libro invisible, en la cuenta su fracasada vida como escritor en la URSS; y El periódico invisible, ya en Estados Unidos, donde relata su participación en un periódico para emigrados rusos. Su estilo elegante, preciso, ligero, rápido y satírico aleja sus historias y sus personajes, a menudo disparatadas y extravagantes, de la grandilocuencia de la tragedia rusa.


Un día en el atardecer del mundo
William Saroyan
Acantilado. 224 págs. 18 €.

            El escritor Yep Muscat llega a Nueva York desde California en 1955 para reencontrarse con su mujer, de la que se ha divorciado, y con sus dos hijos. También aprovecha el viaje para hacer algunas gestiones con editoriales. Hay un recuerdo entrañable de lugares que frecuentó en Nueva York y, también, momentos que reflejan las dificultades económicas que está atravesando. Todo ello con una mirada amable, nada trágica, en la que tienen cabida personajes agradables que se mueven por una ciudad que se describe con cariño.


El último caso de Philip Trent
E. C. Bentley
Siruela. 226 págs. 17,95 €.

Un hombre de negocios aparece muerto en su casa. Tanto su viuda como el personal de su casa dan explicaciones convincentes de que no tuvieron nada que ver con su muerte. Sin embargo, el detective Philip Trent reconstruye lo sucedido minuciosamente y lo deja por escrito a la viuda para que use sus revelaciones como le parezca. A continuación, se marcha del país y prefiere no averiguar más. Pero, pasados unos meses, le llegan noticias que le chocan mucho y decide volver. Resulta atractivo su protagonista, Philip Trent, un aristócrata y periodista que domina las técnicas policiales del momento, aparte de tener un conocimiento exhaustivo de toda clase de zapatos.


Mundo es
Andrés Trapiello
Pre-Textos. 448 págs. 29 €

            Fiel a su cita anual, Trapiello publica un nuevo volumen de sus diarios, el número veintiuno, a los que ha dado el título genérico de Salón de pasos perdidos. Los lectores habituales de estos diarios vuelven a encontrarse con las ya previsibles vicisitudes de su personaje protagonista: episodios domésticos y familiares, visitas al Rastro, conferencias y presentaciones de libros, lecturas y artículos, las periódicas estancias en Las Viñas, ataques de hipocondría, la relación con sus hijos, encuentros inesperados, sus amigos… En definitiva, esa atmósfera vital que precisamente buscan sus lectores. Lo que se desea es reencontrarse con ese escritor-personaje que es capaz de convertir en literatura su propia vida. Destaco especialmente su polivalente calidad literaria: en los diarios aparecen todos los registros literarios posibles: momentos líricos, prosa cotidiana, descripciones prolijas, reflexiones íntimas, aforismos, crítica literaria, observaciones agudas e ingeniosas, comentarios mordaces, mucho sentido del humor…


Inmersión. Un sendero en la nieve
Lidia Chukóvskaia
Errata naturae. 200 págs. 17,50 €.

            Su anterior novela publicada en España, Sofia Petrovna, una ciudadana ejemplar, tardó cincuenta años en publicarse por culpa de la censura soviética. En Inmersión, en primera persona, cuenta la estancia de la protagonista, Nina Sergeievna, en una casa de reposo para escritores. Se traslada para tener unos días de descanso, escribir y, sobre todo, para encontrarse consigo misma y superar la detención de su marido en 1938 al que han condenado a “diez años sin derecho de correspondencia”.


Los hermanos Ashkenazi
Israel Yehoshua Singer
Acantilado. 680 págs. 29 €

Al igual que La familia Karnowsky, esta novela es la historia de una saga familiar, centrada en una familia judía polaca que representa el drama que viven los judíos en muchos países de Centroeuropa y Rusia. Inspirada en sucesos autobiográficos, se describe el enfrentamiento entre los hermanos Sinya y Yanke y, con ellos y sus familias, se retratan tres generaciones con las que se expone la permanente persecución a que son sometidos los judíos, a la vez que se muestra el convulso ambiente social y político de la ciudad polaca de Lodz hasta la Primera Guerra Mundial y la independencia polaca.


Patria
Fernando Aramburu
Tusquets. 648 págs. 22.90 €

Novela dura, ambiciosa, larga que abarca cuarenta años de la historia del País Vasco y que arranca en 2011, cuando la viuda de un empresario asesinado por ETA decide regresar a su pueblo tras el anuncio de ETA del cese de la lucha armada con la idea de desentrañar los pormenores del asesinato de su marido. Su intermitente regreso provoca malestar en el pueblo, que ven su vuelta como una osada y deliberada provocación. Patria se centra en las vidas de dos familias, las de la víctima de ETA y sus vecinos, implicados en la causa terrorista e independentista. El autor describe la vida cotidiana, con sus momentos de doméstica normalidad y sus perversiones emotivas, marcadas por la lucha armada, que todo lo justifica, hasta la marginación y el silencio. Algunas historias secundarias se alejan demasiado del objetivo de la novela.


El meteorólogo
Olivier Rolin
Libros del Asteroide. 208 págs. 18,95 €

En un viaje a la URSS, el autor visitó las islas Solovkí, el archipiélago situado en el Mar Blanco, donde se fundó un monasterio, uno de los más antiguos de Rusia, y que en 1923 se convirtió en uno de los primeros campos del Gulag. En ese viaje conoció, a través de las cartas que escribió desde la prisión a su mujer y a su hija pequeña, la historia de uno de aquellos prisioneros. Ese fue el acicate para reconstruir la historia de su protagonista, Alekséi Feodósievich Vangengheim, que cuando fue detenido y deportado ocupaba el cargo de director del Servicio Hidrometeorológico de la URSS. Se trataba de un científico de prestigio y militante del Partido Comunista. El autor combina las estrategias de la novela con el ensayo biográfico. Vangengheim es una víctima gris, nada ejemplar, que sigue alimentando en el gulag su fe en el comunismo.


El monarca de las sombras
Javier Cercas
Literatura Random House. 288 págs. 20,90 €


El protagonista de esta novela es un familiar del autor, su tío abuelo Manuel Mena, que falleció en la batalla del Ebro durante la Guerra Civil con solo 19 años. Poco tiempo antes de iniciarse la guerra, se había alistado a la Falange. Su muerte forma parte de las leyendas familiares, aunque en su caso Cercas lo consideraba un suceso vergonzante que no había que airear sino ocultar. El libro es, por un lado, una investigación histórico-familiar sobre Mena y su vida en un pequeño pueblo de Cáceres hasta que fallece en el hospital de campaña del pueblo de Bot. Por otro, es el reencuentro del autor con sus raíces familiares; a la vez, un reportaje periodístico y una nueva incursión del autor en la Guerra Civil española. Cercas no oculta sus simpatías a favor del bando republicano, aunque también hable de sus errores.