miércoles, 24 de mayo de 2017

“Yugoslavia, mi tierra”, de Goran Vojnovic


Considerado una de las grandes promesas de la literatura eslovena, Goran Vojnovic (Liubliana, 1980), escritor y director de cine y televisión, publicó esta novela en 2012. En ella, aborda de lleno las consecuencias de la guerra de los Balcanes tanto para la vida del narrador, el joven Vladan Borojevic, como para toda su generación.
            Vladan, hijo de un general del Ejército Popular de Yugoslavia, Nedeljko Borojevic, ha tenido una vida complicada, pues su padre, así se lo contó su madre, fue dado por muerto durante la guerra. Años después, sin embargo, descubre en google que su padre sigue vivo y que es uno de los generales acusado de crímenes contra la humanidad por el Tribunal de La Haya. De pronto, Vladan sufre un terremoto vital e intenta asimilar esos inesperados hechos volviendo su mirada hacia el pasado para que le explique el presente.
            En 1991, cuando apenas tenía once años, la familia de Vladan tuvo que trasladarse de manera forzosa de la tranquila ciudad de Pula, donde transcurrió su feliz infancia, a Zagreb, donde su padre había sido destinado. La guerra estaba a punto de comenzar y el niño Vladan afronta desorientado aquellos sucesos que provocan una aguda crisis familiar. Tras una temporada en Belgrado se traslada con su madre a la ciudad de Novi Sad para vivir con un familiar de su padre. Meses después, su madre decide instalarse en Liubliana, ciudad en la que rehacen sus vidas, aunque desde entonces Vladan mantendrá una relación seca y tirante con su madre hasta el posterior y definitivo alejamiento.
            La novela recorre el presente de Vladan, repleto de inseguridades y terrores, y su pasado, condicionado a los once años por la participación de su padre en la guerra. También recuerda el noviazgo y matrimonio de sus padres, y los primeros años de su relación. Pero Vladan no sabe cómo encajar todas estas piezas. Comparte algunas de sus inquietudes con su actual novia y compañera Nadja, pero sabe que lo que ha estallado en su interior debe solucionarlo solo.
            Para buscar respuestas, emprende un viaje desde Pula a Belgrado y Novi Sad para intentar localizar a su padre. En su viaje por tierras de Eslovenia, Croacia, Bosnia-Herzegovina, Servia… encuentra algunas huellas y personas que le aproximan a él, pero no hay manera de dar con su paradero. Gracias a su insistencia, consigue entrevistarse con antiguos amigos de su padre, que le pueden ayudar a llegara la meta que se ha propuesto.
            No es un camino fácil. Su padre está perseguido por una matanza que cometió en la que fueron asesinados 34 aldeanos, enterrados en una fosa común. Aunque aparentemente las cosas se han superado en su país, su viaje le sirve para toparse de bruces con la realidad: la gente no olvida. En el fondo, todos, de una u otra manera, siguen marcados por ese trágico pasado marcado por el odio que transformó de manera violenta las fronteras y las vidas de sus habitantes. En este sentido, Vladan es una víctima más de todo aquello y, por eso, busca una respuesta.
            Pasado y presente, pues, se dan la cara. Y pasan factura al protagonista, que no es capaz de encontrar su sitio en la nueva sociedad, al contrario que su madre, que sí parece haber pasado página. Descreído y desorientado, resulta sin embargo muy atrayente su agitado y a veces caótico punto de vista narrativo, a pesar de algunas salidas de tono sexuales y una posmoderna y rebuscada superficialidad. Vladan es un verosímil representante de una generación a la que se le ha obligado a pasar de puntillas por todo aquello, aunque indirectamente determinaron sus vidas en una u otra dirección.


Yugoslavia, mi tierra
Goran Vojnovic
Libros del Asteroide. Barcelona (2017)
365 págs. 21,95 €.
T.o.: Jugoslavija, moja dezela.
Traducción: Simona Skrabec.

lunes, 22 de mayo de 2017

“Encadenados. Diarios de mártires de la China de Mao”, de Gerolamo Fazzini




Resulta llamativa la escasa atención que los medios de comunicación occidentales dedican a la persecución religiosa que están sufriendo muchos cristianos en diferentes partes del mundo (Irak, Egipto, Libia, Kenia, Pakistán, Afganistán…), comenta en el prefacio de este libro Bernardo Cervellera, Misionero del Pontificio Instituto de Misiones Extranjeras (PIME) y Director de AsiaNews. Pero lo que el papa Francisco ha denominado “globalización de la indiferencia”, referida en este caso a las persecuciones religiosas, se refiere también el reciente pasado, pues la han vivido otros muchos países desde hace décadas, como ha sucedido con los países del Telón de Acero, incluido China. Para Cervellera, “este libro se sobrepone al silencio sobre la persecución en el periodo maoísta, abordado por muy pocos especialistas”.
            El libro es continuación de otro anterior, El libro rojo de los mártires chinos, también de Gerolamo Fazzini, cuyo contenido, como este, son un conjunto de historias protagonizadas por laicos, sacerdotes y religiosos chinos. También tiene bastante que ver con Dios es rojo, del escritor ateo Liao Yiwu, libro que contiene una serie de entrevistas que muestran además la pujanza clandestina del cristianismo en China.
            En esta ocasión, Fazzini ha escogido cuatro testimonios (tres sacerdotes y un laico) que sirven como un ejemplo más del alcance de esta dura represión. Si bien al principio de la dictadura comunista, Mao pareció aceptar la presencia de la religión (reconocida en la Constitución), en pocos años se diseñó una estrategia para eliminarla y controlarla. Los testimonios seleccionados tienen muy en cuenta el contexto político del momento y la obsesión de las autoridades comunistas por reducir a la mínima expresión la religión se llevó a cabo a través de sistemáticas persecuciones (que comenzaron con la expulsión de todos los misioneros extranjeros), de la expropiación de dispensarios, escuelas, hospitales, capillas, iglesias y, además, del control político que ejerció la Oficina de Asuntos Religiosos y uno de sus organismos, la Asociación Patriótica de los Católicos Chinos, desvinculada totalmente del Vaticano y que sigue siendo hoy día el instrumento creado por el régimen chino para someter al catolicismo a sus intereses políticos.
            El libro comienza con el testimonio de Gaetano Pollio, sacerdote italiano que fue arzobispo de Kaifeng. Poco tiempo después de su nombramiento, fue detenido y en 1951 expulsado del país. Su experiencia es un buen ejemplo del cambio de actitud del régimen maoísta. Pollio sufrió durísimos interrogatorios y fue testigo de las tácticas empleadas para perseguir y dividir sistemáticamente a los católicos (de manera especial a los miembros de la Legión de María).
            Lo vivido por Domingo Tang, otro de los protagonistas, recuerda en muchos momentos a lo que también padeció el obispo vietnamita Van Thuan, detenido en 1975 en Saigón por las autoridades comunistas y que sin ser juzgado pasó trece años en prisión en unas durísimas condiciones. Tang, ordenado sacerdote en 1941 y obispo en 1951, fue arrestado y pasó 22 años en prisión sin que los jueces se pronunciaran sobre las causas de su presidio. Durante esos años no recibió ninguna carta de sus familiares o amigos y vistió únicamente la ropa que llevaba al ingresar en prisión. En 1969 incluso fue dado oficialmente por muerto por los miembros de su congregación jesuita.
            Por su parte, Juan Liao Shouji pasó veinte años en las cárceles chinas, muchos de ellos en los laogai, los campos de reeducación chinos que imitaban a los gulag soviéticos. Laogai es la contracción de Laodong Gaizao Dui, es decir, “la reforma a través del trabajo”, campos de trabajo que siguen existiendo en China. Harry Wu, activista chino residente en Estados Unidos, fundó una ONG destinada a denunciar la existencia de estos campos (él estuvo casi veinte años en uno de ellos, desde 1960 a 1979), como cuenta en su biografía Vientos amargos. Y el último testimonio es de León Chan, que tiene un valor histórico especial, pues es uno de los primeros sobre la represión religiosa maoísta. Chan fue ordenado sacerdote en 1937 y vivió trece años bajo el régimen maoísta hasta que en 1962 pudo huir, en pleno caos por las dramáticas consecuencias de la Gran Hambruna provocada directamente por el presidente Mao con su política irresponsable del Gran Salto Adelante (como puede verse en el ensayo de Frank Dikötter, La gran hambruna en la China de Mao. Acantilado. 2017). El análisis que hace Chan de los métodos comunistas resulta incisivo y muy actual.
            Encadenados no se anda por las ramas ni presenta teorías abstractas. Los testimonios concretos de las atrocidades que tuvieron que padecer estas personas –y otras muchas que se citan a los largo de sus relatos- ejemplifican el clima de terror y persecución (no solo religiosa) que se ha vivido en China durante décadas y que Occidente ignoró, quizás de manera deliberada. Mientras millones de víctimas chinas padecieron la Revolución Cultural, en Europa los defensores del Mayo del 68 se emocionaban con los consejitos de autoayuda política del Libro rojo de Mao.



Encadenados. Diarios de mártires de la China de Mao
Gerolamo Fazzini
Palabra. Madrid (2017).
416 págs. 19,90 €.
T.o.: In catena per Cristo.

Traducción: José Ramón Pérez Aragüena.

“Historia de los papas en el siglo XX”, de Onésimo Díaz Hernández


Onésimo Díaz (Madrid,, 1966), investigador y profesor en la Universidad de Navarra, es doctor en Historia Contemporánea por la Universidad del País Vasco y de Historia de la Iglesia por la Universidad de la Santa Cruz de Roma. Ha publicado numerosos trabajos de investigación histórica y tres libros con los que este que comentamos guarda estrecha relación: Historia de Europa en el siglo XX (2008), Historia de España en el siglo XX (2010) e Historia del Mundo en el siglo XX (2014). Estos tres libros proporcionan una síntesis de los acontecimientos más relevantes de la historia de Europa, España y el Mundo con el valor añadido de destacar a la vez películas, biografías y novelas que sirven para iluminar y explicar de otra manera la historia.
            La misma estructura se mantiene en este nuevo libro. El autor resume los hitos más destacados del siglo XX e introduce las principales actuaciones de la Iglesia en este periodo, centrando su actividad en los escritos y acciones de los papas del siglo XX y los primeros años del siglo XXI. “En este ensayo –escribe en la introducción- pretendo describir y analizar la historia del papado a lo largo del siglo XX con sus luces y sus sombras a través de las biografías de los papas”. Como en sus otros libros, vuelven a mencionarse numerosas películas y novelas que, con sus respectivos lenguajes y objetivos, analizan aspectos del tiempo histórico comentado.
            Comienza el libro con las referencias al papado de Benedicto XV, quien tuvo que enfrentarse a un momento histórico revuelto y complicado, con el estallido de la Primera Guerra Mundial (y sus devastadoras consecuencias), la desintegración del Imperio Austro-húngaro y la proclamación de la Revolución rusa, que internacionalizó el movimiento comunista. En 1922 resulta elegido Pío XI, que vivió el auge de los totalitarismos y la depresión económica mundial, que tanto afectó al destino de muchos países y a las condiciones de vida de millones de trabajadores. Pío XII accedió al papado unos meses antes del comienzo de la Segunda Guerra Mundial, que marcó la historia del mundo durante bastantes años, pues el resultado final provocó una profunda división en la posguerra que propició la decadencia de Europa. Fue papa hasta 1958.
            Juan XXIII decidió convocar un Concilio con la intención de reflexionar sobre el papel de la Iglesia en un complicado momento de cambios y de crisis. Murió en 1963 y fue Pablo VI quien concluyó los trabajos del Concilio Vaticano II, que marcó un hito en la historia de la Iglesia. Sin embargo, Pablo VI fue testigo también de las erróneas interpretaciones de muchas propuestas del Concilio Vaticano II, que llevaron a la Iglesia a una grave situación de crisis interna. A la vez, son los años del Mayo del 68 –con sus ramificaciones culturales y filosóficas en tantos sitios- y del auge del terrorismo.
            “Por los viajes, por sus escritos, por sus gestos, Juan Pablo II –escribe el autor- fue un papa que marcó una época de la historia de la Iglesia y de la historia de la humanidad”. Juan Pablo II situó a la Iglesia en el primer plano del mundo, explicó sin ambages su mensaje social y defendió los valores humanos del cristianismo. Murió en 2005. Le sucedió Benedicto XVI, un papa intelectual que mostró en sus impecables escritos teológicos la humanidad y la divinidad de Jesucristo. Francisco I inició su papado en 2013, y de él se destacan la novedad de sus primeras encíclicas y su nuevo talante pastoral.
            Onésimo Díaz salpica el libro de constantes referencias a novelas y películas que abordan asuntos históricos concretos o generales y con las que, en muchas ocasiones, se entiende mejor el contexto histórico y la mentalidad del tiempo analizado. Muchas obras son de autores clásicos y muy conocidos, aunque también hay muchas novelas y películas que pueden ser un descubrimiento para los lectores. Merece la pena estar atentos a estas referencias, que muestran la amplia cultura del autor.
            Onésimo Díaz ha vuelto a escribir un libro muy divulgativo que permite conocer la historia de la Iglesia en el siglo XX en relación con los principales acontecimientos históricos, que se proporciona de manera ágil y sintética. El autor concluye su libro con este consejo: “leer biografías, muchas biografías, elegir buenas novelas, muchas novelas, ver películas de calidad, muchas películas, ayuda a aproximarse, conocer y comprender la historia del siglo XX y también la actualidad”.


Historia de los papas en el siglo XX
Onésimo Díaz Hernández
Base. Barcelona (2017)

232 págs. 18 €.

jueves, 11 de mayo de 2017

“La gran hambruna en la China de Mao”, de Frank Dikötter


En 1957, Mao Zedong impulsó en China lo que se denominó como el Gran Salto Adelante, un conjunto de medidas que se aplicaron en la agricultura y en la industria con el fin de transformar las estructuras económicas y alcanzar el nivel de Gran Bretaña en un periodo de menos de quince años. Como ya había sucedido con anterioridad en la Unión Soviética, se emprendieron grandes proyectos faraónicos y se revolucionaron absolutamente todos los sistemas de producción y distribución. Sin embargo, como se dice en este monumental y revolucionario ensayo, premio Samuel Johnson en 2011, el experimento culminó en un gran fracaso, de ahí el subtítulo del libro: “Historia de la catástrofe más devastadora de China (1958-1962)”.


            Dikötter (Holanda, 1961), catedrático de Humanidades en la Universidad de Hong Kong y profesor de Historia Moderna de China en la escuela de Estudios Orientales y Africanos de la Universidad de Londres, es autor de otros ensayos dedicados también a la historia de China en el siglo XX. Para Dikötter, estamos ante un desastre mal conocido, que no puede reducirse, como así se ha hecho a menudo, a una trágica consecuencia “accidental” de una serie de programas económicos mal concebidos y ejecutados. En muchos libros, citando fuentes chinas, se mencionan unos 30 millones de fallecidos, pero este autor holandés, y otros historiadores occidentales y chinos, aumentan la cifra hasta los 45 millones de personas que “murieron innecesariamente entre 1958 y 1962”.
Este incremento tiene que ver con la publicación de estudios que utilizan nuevas fuentes, aunque el acceso a los archivos centrales y más importantes del Partido Comunista chino sigue estando cerrado para los historiadores occidentales y sólo se permite el acceso, con cuentagotas, a historiadores comunistas de confianza. Pero Dikötter menciona que “una reciente ley de archivos ha puesto al alcance de los historiadores profesionales un ingente volumen de material archivístico” que “ha transformado de raíz las posibilidades de estudio de la era de Mao”.


Así, ha podido acceder a numerosos documentos, actas, archivos secundarios y hasta informes secretos del Departamento de Seguridad Pública que le han proporcionado una suculenta información que le permite afirmar que “los documentos que ahora han salido a la luz y que presentamos en este libro demuestran que la coacción, el terror y la violencia sistemática se hallaban en los mismos cimientos del Gran Salto Adelante”. El libro, pues, no sólo aborda la hambruna y sus consecuencias: “es una crónica que narra, a menudo con angustioso detalle, lo que casi fue el hundimiento de un sistema económico y social en el que Mao había apostado su prestigio”. A pesar de recibir informes negativos sobre los resultados de las cosechas en todas las provincias, Mao consideró que lo que estaba sucediendo era por culpa de los contrarrevolucionarios, que estaban impidiendo que se cumpliesen los objetivos. A la vez que el hambre se extendía por todo el país, en el campo y en las ciudades, Mao, obsesionado con las conspiraciones, puso en marcha unas purgas feroces en la sociedad y en el Partido que impidieron cualquier atisbo de crítica, y todos “los cuadros locales se veían compelidos a concentrarse en los números y no en las personas, y a cumplir los objetivos que les marcaban desde arriba los planificadores”. Como aireaba un dicho popular de Shanghai que circuló esos años: “Todo va bien bajo el presidente Mao: ahora ya sólo nos falta comer”.


Este ensayo detalla el alcance de la destrucción que se dio en la agricultura, la industria, el comercio, la vivienda y el entorno natural. Por ejemplo, en 1958 se hizo un absurdo llamamiento en todo el país para “la eliminación de ratas, moscas, mosquitos y gorriones” que provocaron la casi extinción de gorriones, aunque más tarde tuvieron que rectificar pues los gorriones eran necesarios para eliminar a los mosquitos. Y es que “Mao veía la naturaleza como un enemigo al que había que derrotar (…), una entidad fundamentalmente separada del ser humano a la que había que subyugar y transformar por medio de la movilización de masas”.
Dikötter explica la progresiva militarización de la sociedad china para cumplir los objetivos de los planificadores. Para ello, “el régimen se fundamentaba en el terror y la violencia. El terror, para ser efectivo, ha de ser arbitrario e implacable”. La violencia fue una importante herramienta de control que los dirigentes comunistas utilizaron asiduamente. Por ejemplo, en la comuna de Henan se hizo famosa la frase: “si quieres militar en el Partido, tienes que saber dar palizas”. La población carcelaria se multiplicó en estos años (en los que hasta se abolió el Ministerio de Justicia), lo mismo que los campos de reeducación, los laogai (gulag chinos), donde fueron a parar unos 8 o 9 millones de chinos en esos años (de los que murieron en torno a los tres millones), aunque, como escribe el autor, “jamás conoceremos la dimensión de este sistema carcelario oculto”.  
Como también destacan Jon Holliday y Jung Chang en su biografía Mao. La historia desconocida, Mao, el principal responsable del Gran Salto Adelante, era insensible a las pérdidas humanas y aceptaba que para cumplir con los objetivos trazados, debían de darse algunos problemas que demagógicamente llamó “periodo de escasez”. Hizo suyas las palabras de uno de sus lugartenientes, Deng Xiapoing, quien afirmó en 1961 que “cuando no hay comida suficiente, la gente muere de hambre. Merece la pena que la mitad muera para que la otra mitad pueda comer bien”. Por supuesto que estos porcentajes no se pueden aplicar a los miembros del Partido Comunista, los mayores beneficiados del reparto de alimentos.


Ambicioso, fundamental y excelente libro que va más allá del estudio de la gran hambruna. Ofrece una exhaustiva radiografía “sobre la dinámica del poder en un Estado de partido único”. Crítica las medidas económicas más importantes de Mao, como la colectivización, la creación de comunas gigantescas y cantinas colectivas por las que “los campesinos se vieron privados de su trabajo, sus hogares, sus pertenencias y sus medios de vida”. Además, destaca el generalizado uso del terror, la violencia, la represión carcelaria y el adoctrinamiento para imponer el comunismo.
A partir de 1961, cuando las consecuencias de la gran hambruna no podían ya ocultarse (como se había hecho durante años), Mao fue duramente criticado por otros líderes. Poco duró la tranquilidad en el país, pues en 1966 Mao desató precisamente las grandes purgas de la Revolución Cultural para eliminar las voces críticas del Partido que se habían opuesto al Gran Salto Adelante. Y es que para Mao, “la Revolución no es un guateque”.


La gran hambruna en la China de Mao
Frank Dikötter
Acantilado. Barcelona (2017)
616 págs. 30 €.
T.o.: Mao’s Great Famine. The History of China’s Most Devastating Catastrophe, 1958-1962.
Traducción: Joan Josep Musarra Roca.

martes, 2 de mayo de 2017

“Un espía en la trinchera”, de Enrique Bocanegra


Ganadora del XXIX Premio Comillas de Historia, Biografía y Memorias que concede la editorial Tusquets, esta obra, sobre la vida del famoso espía inglés Kim Philby (1912-1988), se centra especialmente en su participación en la Guerra Civil española, en la que trabajó para los servicios secretos soviéticos bajo la apariencia de un periodista conservador.
            La vida de Kim Philby ha sido muy estudiada, especialmente a partir de 1940, cuando empezó a colaborar también con los servicios secretos británicos, el M16, después de su estancia en la Guerra Civil española. En 1951, cuando descubrieron que dos espías ingleses del M16, Donald Maclean y Guy Burguess, eran también espías soviéticos, muchas sospechas recayeron también sobre Philby, aunque consiguió defenderse de las acusaciones, demostrar su “inocencia” y desviar la atención. Sin embargo, en 1963 fue por fin descubierto, lo que provocó una deserción de película a la Unión Soviética, donde vivió hasta su muerte como una reliquia del espionaje y escribió sus memorias Mi guerra silenciosa (1968). Su agitada y original vida ha sido fuente de numerosas novelas y películas sobre espías.
            Enrique Bocanegra, licenciado en Ciencias de la Información y Máster en Comunicación de la Defensa por el Centro de Estudios de la Defensa Nacional (CESDEN), pone la lupa en los años que Philby pasó en España, aunque también proporciona la necesaria información para conocer toda la trayectoria profesional de Philby, reclutado por los servicios de espionaje soviéticos después de sus años universitarios en Cambridge, en los que conoció el marxismo y participó en movimientos comunistas. Tras una estancia en Viena en los años 30, acepta ser espía sabiendo que a partir de ese momento su vida sufrirá una radical trasnformación.
            De hecho, debe alejarse de los círculos comunistas que frecuentaba, de sus amistades revolucionarias y hasta de sus ideas políticas. Se opera en Philby un simulado giro ideológico hacia la deercha que le permite entrar en contacto con empresarios y autoridades alemanas, para las que colabora en un proyecto periodístico de difusión del nazismo en Inglaterra. En el último momento, el proyecto fracasa, pero Philby ha conseguido que todo el mundo sepa que no tiene nada que ver con el comunismo.
            El libro de Bocangra tiene el acierto de reconstruir muy bien la vida y las relaciones personales de Philby con otros miembros del espionaje inglés e internacional vinculados al comunismo, como Alexander Orlov, maestro de Philby y uno de los más destacados espías soviéticos en Occidente, que desempeñó importantes misiones en España (como se relatan en el libro El caso Orlov, de Boris Volodarsky. Crítica. 2013). Como se cuenta en el libro de Bocanegra, Orlov sufrió sin embargo las consecuencias de las purgas estalinistas que se desataron a partir de 1934, que acabaron con la carrera de importantes espías que fueron fusilados a su regreso a la URSS. Temiéndose un destino parecido, como así estaba previsto, Orlov decidió desertar. Otros espías también lo intentaron, pero fueron asesinados por los servicios secretos soviéticos.


            Resulta muy interesante la reconstrucción que hace el autor del trabajo de los espías en esos años tan intensos desde el punto de vista político. En España, los servicios secretos soviéticos desempeñaron importantes misiones militares, aunque se ha criticado que muchas de las acciones llevadas a cabo durante la Guerra Civil por soviéticos estuviesen dirigidas a acabar con los enemigos trostkistas que con el ejército de Franco, como se describe, por ejemplo, en el ensayo-reportaje de Ignacio Martínez de Pisón, Enterrar a los muertos  (Seix Barral. 2005), una investigación sobre la muerte de José Robles, un republicano que fue víctima de las luchas internas entre los consejeros soviéticos y los espías que participaron en la guerra civil.


            Philby viajó a España en 1937 para trabajar como corresponsal de prensa en el bando nacional con el fin de conseguir información sobre los movimientos y planes del ejército franquista. Primero estuvo como periodista free lance y después trabajó para The Times. Cuando se encontraba cubriendo un avance de las tropas del bando nacional en Caudé, una aldea del bajo Aragón, durante la batalla de Teruel, un obús estuvo a punto de acabar con su vida. La salvó de milagro, pero en el incidente fallecieron tres periodistas extranjeros, compañeros suyos. Pudo entrevistar a Franco y fue condecorado por él. Se cuenta que Philby recibió incluso la orden de los servicios secretos de asesinarle. Su trabajo como corresponsal en España le abrió la puerta para ingresar después en el M16 británico.
            Libro muy bien ambientado que, gracias a una exhaustiva investigación, proporciona numerosos detalles sobre la vida de Philby, su entorno, la relación que tuvo con otros compañeros y sus superiores. También permite conocer aspectos inéditos de la Guerra Civil, especialmente sobre los corresponsales de prensa extranjeros que cubrieron la contienda desde el bando nacional, y sobre la poderosa influencia del comunismo en Europa. Además, esa biografía introduce a los lectores en el mundo del espionaje internacional, muy activo en esos cruciales años.


Un espía en la trinchera
Enrique Bocanegra
Tusquets. Barcelona (2017)
363 págs.
21,90 € (papel) / 12,99 € (digital).

domingo, 30 de abril de 2017

“La guardia”, de Joydeep Roy-Bhattacharya


Joydeep Roy-Bhattacharya (India, 1971) suele escribir sobre asuntos bélicos del siglo XXI con el telón de fondo de los clásicos griegos (en sus anteriores novelas se ha inspirado en Sófocles y Esquilo). En su nueva novela se inspira en la tragedia Antígona, de Sófocles, para reflexionar sobre el sinsentido de la guerra y las cicatrices existenciales que provoca.
            La guardia, publicada en 2012, está ambientada en la guerra de Afganistán. Un grupo de soldados norteamericanos se encuentra desplazado en un cuartel próximo a las montañas donde se esconden los talibanes. Ya han tenido varios enfrentamientos, que se han saldado con muertos en los dos bandos.
            El detonante de la novela es la llegada de una joven pastuna, Nizam, a ese destacamento para reclamar a las autoridades norteamericanas el cadáver de su hermano Yusuf para enterrarle “según los principios de mi fe”. Desde bastante lejos, Nizam ha llegado hasta allí en un pequeño carro con el que consigue desplazarse, pues perdió las piernas por una bomba lanzada por los norteamericanos cuando regresaba de una boda. En el atentado perdieron la vida la mayoría de sus familiares. Su hermano es un reconocido héroe pastún, un muyehidin que lucha contra los americanos para vengar a su familia. Los americanos, sin embargo, no quieren entregarle a Nizam el cuerpo porque lo van a trasladar a la capital para que las autoridades lo puedan “mostrar” como una victoria militar.
            Ante la negativa y para seguir reclamando su derecho (como la heroína de Antígona), Nizam decide quedarse delante del cuartel, en un lugar inhóspito y árido, con un calor asfixiante durante el día y una penetrante y fría niebla por la noche. El paisaje es decepcionante, con las montañas como telón de fondo.
            La larga espera de Nizam no deja indiferente a nadie. Tal es así, que la vida entre los soldados y los mandos norteamericanos sufre un colapso, pues tienen constantemente delante de ellos a una víctima de “su” guerra, con una dramática historia personal a sus espaldas que puede interpretarse como una parábola del sinsentido de la presencia americana en aquellas tierras.
            A partir de ese momento, cada capítulo de la novela pasa a algunos de los personajes que intervienen en este asunto: un médico, el capitán, un sargento, el intérprete tayiko… Todos aportan diferentes perspectivas sobre el desarrollo de la guerra y la influencia en sus vidas y en el resto de sus compañeros de las duras experiencias que están viviendo. Lo que se cuenta tiene que ver con el presente –la lacerante presencia de Nizam frente al acuartelamiento- y el pasado, pues se relatan algunos episodios de sus vidas en Estados Unidos y justo antes de la llegada de Nizam, cuando tuvo lugar el enfrentamiento armado con los talibanes.
            El eco de la tragedia clásica añade profundidad y originalidad a lo que se está contando, aunque muchos momentos narrativos son los habituales de una guerra contada desde la perspectiva de quien no encuentra explicación. Los personajes se desahogan, muestran en carne viva sus pensamientos, sufren situaciones traumáticas, se sienten incomprendidos, recuerdan, pasan el tiempo escuchando música y leyendo, amenazados constantemente por un posible e inesperado ataque talibán. Sin embargo, la silenciosa y contundente presencia de Nizam trastoca totalmente  su escala de valores hasta plantearse existencialmente el sentido de su misión militar, a la vez que se multiplican sus dudas sobre la finalidad de una guerra donde todos son víctimas.


La guardia
Joydeep Roy-Bhattacharya
Sexto Piso. Madrid (2017)
312 págs. 23,90 €
T.o.: The Watch.
Traducción: Magdalena Palmer.

jueves, 20 de abril de 2017

“La librería”, de Penélope Fitzgerald


La librería es la novela más conocida y difundida de Penélope Fitzgerald (1916-2000), escritora que estudió en Oxford y que trabajó en la BBC, de la que ya se han publicado en nuestro país unas cuantas obras, la mayoría en la editorial Impedimenta. Fue una autora tardía (su primera novela la publicó a los 58 años), pero llegó a ser durante los años 80 una de las figuras más destacadas de la novela inglesa, con un estilo que la convierte, según algunos críticos, en la mejor heredera de Jane Austen. La directora Isabel Coixet estrenará próximamente la película “The Bookshop”, una adaptación de la novela de Fitzgerald.


La librería está ambientada en una pequeña localidad costera de Suffolk, Hardborough, a finales de la década de los 50 del pasado siglo. Fitzgerald tiene el acierto de describir minuciosamente el modo de vida de un pequeño mundo cerrado, que ve con suspicacia cualquier tipo de cambio y de novedad. Este es el principal tema de la obra. La autora disecciona este enrarecido ambiente y muestra, sin insistir, las estrategias y el poder de las opiniones de las personas más influyentes para conseguir que las cosas no se muevan absolutamente nada. Contra este muro choca una de sus vecinas, Florence Green, una viuda que toma la decisión decide abrir una pequeña librería.
Casi nadie ve con buenos ojos esta iniciativa, que levanta muchas sospechas. Algunos de sus vecinos incluso advierten a Florence del riesgo de su negocio y que lo mejor sería que invirtiese en otra cosa. Pero Florence está decidida a poner en marcha su librería, una manera de canalizar sus inquietudes y también su amor por los libros, tema éste muy abordado por la autora. Para la sede de la librería compra una casa abandonada, Old House, que cuenta hasta con su propio rapper, un legendario fantasma que a veces hace acto de presencia.
Pero desde el principio Florence se encuentra con la pertinaz oposición de los vecinos más influyentes, aunque también recibe inesperados apoyos que la animan a tirar hacia delante. La gota que colma el vaso es la decisión de Florence de vender en su librería Lolita, la polémica novela de Nabokov, lo que provoca un escándalo en Hardborough. A partir de ese momento, el negocio se resiente y el rechazo de la comunidad se hace más evidente.
Consciente de lo que la está ocurriendo y conocedora de sus fuerzas, Florence no cae en la tragedia. Más que el argumento, previsible en su desarrollo, le interesa a la autora la descripción del carácter de Florence, las pequeñas relaciones que mantiene con algunos vecinos (como con la niña Christine, que la ayuda en la librería), y la estúpida red que se tiende a su alrededor, pilotada por la señora Gamart.


La librería
Penélope Fitzgerald
Impedimenta. Madrid (2010)
192 págs. 18,40 €.

sábado, 8 de abril de 2017

“La Revolución rusa”, de Rosa Luxemburgo



Rosa Luxemburgo (1871-1919) fue una de las figuras más destacadas del socialismo en las primeras décadas del siglo XX. Nacida en Polonia, sería más adelante en Alemania una de las fundadoras de la Liga Espartaquista y, después, del Partido Comunista. Murió en 1922, tras el fallido levantamiento revolucionario de la Liga Espartaquista, asesinada por los freikorps, las fuerzas paramilitares.
En 1918, cuando se encontraba en la cárcel de Breslau, comenzó a escribir un texto sobre la Revolución rusa con la intención de publicarlo en una revista. La propuesta fue rechazada, pero Rosa Luxemburgo escribió un borrador de artículo que entregó a su amigo Paul Levi. Cuando Levi fue expulsado del Partido Comunista en 1922, decidió dar a conocer este texto, inacabado, en el que la autora valora críticamente lo conseguido en los primeros instantes de la Revolución.
Por un lado, la autora destaca el papel del Partido de Lenin y Trotski en la Revolución de 1917. “Fue el elemento que impulsó la  revolución y, por consiguiente, el único partido que realmente aplicó una política socialista”. Gracias a su actitud y su estrategia, pudo desarrollarse la Revolución.
También reflexiona sobre las decisiones tomadas en los primeros meses en relación al proceso de paz (la firma del Tratado de Brest-Litovsk en 1918), el caótico reparto de tierras y el apoyo –que Luxemburgo rechaza- a los procesos de autodeterminación de muchos pueblos, que provocaron el auge de los nacionalismos y la desintegración de Rusia.
Pero la autora se muestra especialmente crítica en otros aspectos claves para la consolidación de la Revolución: la extensión del terror y la supresión de la democracia. La autora crítica duramente que la Revolución se haya apoyado en la generalización del gobierno del terror y haya eliminado las garantías democráticas y recortado al máximo la libertad de prensa y los derechos de asociación y reunión, con lo que “es totalmente inimaginable un gobierno por parte de las amplias masas del pueblo”.
Como escribe, “la libertad solo para los partidarios del Gobierno, solo para los miembros de un partido –por muy numerosos que estos sean- no es libertad en absoluto. La libertad es siempre y exclusivamente libertad para quien piensa de manera diferente. Y no a causa de ningún concepto fanático de la justicia, sino porque todo lo que es instructivo, saludable y purificador en el terreno de la libertad política depende de esta característica esencial y porque su efectividad desaparece tan pronto como la libertad se convierte en un privilegio especial”. Y continúa: “por la forma en la que Lenin y Trotski critican las instituciones democráticas, se diría que rechazan por principio la representación popular basada en el sufragio universal, y que solo quieren apoyarse en los sóviets”, o, lo que es lo mismo, “el socialismo será decretado por una docena de intelectuales desde unos cuantos escritorios oficiales”.
Los posteriores acontecimientos políticos en la URSS dieron la razón a estas palabras de Luxemburgo. Sus críticas nunca fueron bien recibidas, y aunque su dramática muerte provocó una mitificación de su figura revolucionaria, sus ideas heterodoxas sobre la implantación de la dictadura del proletariado provocaron ciertas fricciones que hicieron mella en su consideración como revolucionaria ejemplar. Y es que, viendo lo que sucedió en la URSS en las décadas posteriores, a los dirigentes comunistas les resultó imposible asimilar mensajes tan contundentes como el siguiente: “la vida pública de los países con libertad limitada es tan pobre, tan rígida y tan estéril precisamente porque, al convertir la democracia en algo excluyente, cierra las fuentes vivas de toda riqueza y progreso espirituales”.  


La Revolución rusa
Rosa Luxemburgo
Páginas Indómita. Barcelona (2017)
144 págs. 14,90 €
T.o.: Die russische Revolution.
Traducción: Antonio López y Roberto Ramos Fontecoba.